Cestería poderosa

Por Sistema de Información para la Artesanía, Siart. Thursday, May 27, 2021

La sangre artesana corre por sus venas. Por eso, Omaira Manrique es una de las madres artesanas a quienes rendimos homenaje en el mes de mayo.

Artesana Omaira Manrique, cestería de Guacamayas Boyacá
Omaira Manrique - Imagen: Artesanías de Colombia

Omaira Manrique es hija de dos reconocidos artesanos de Guacamayas, Boyacá. Su mamá tejía bolsos de lana en telar vertical y su papá se dedicaba a hacer fruteros, papeleras, contenedores y cazuelas en la técnica ancestral de la cestería en rollo. Omaira comenzó a los 13 años a hacer individuales. 

En ese entonces, estudiaba modistería y tejido en un instituto dirigido por monjas, quienes la instruyeron en el bordado y la ayudaron a implementar en la cestería un conocimiento más amplio en temas de diseño. 

En Sutatenza, Boyacá, realizó un curso sobre dirigencia campesina, en el que aprendió cómo trabajar con comunidades, y en 1985 la nombraron secretaria de la Casa del Telar de Arco, la cual se convirtió en 1992, en la Cooperativa Creatividad Artística, Crearcoop, que ahora cuenta con 170 artesanos que trabajan la cestería en rollo. 

Omaira ha compartido sus conocimientos también con su familia; tiene cuatro hijos a quienes también les enseñó el arte del tejido. Todos conocen la técnica específica de la cestería en rollo y actualmente dos de sus hijas, son quienes se encargan de las redes sociales de la Cooperativa. 

Para ella, ser madre artesana es “un orgullo de tiempo completo. Aunque en este momento estoy más en el área comercial que en la parte productiva de la Cooperativa, siento ese orgullo de madre al ver que la artesanía de Guacamayas y sus colores, están siendo reconocidas en el mundo”.

Omaira es la responsable de comercializar los productos, visitar ferias y buscar nuevos clientes. Pero además se ha encargado de renovar los diseños y de integrar a la producción materiales como el estaño, el cobre, el vinilo, la plata, la madera y la cerámica.

Ella se sienta con cada artesano para analizar el diseño y decidir cuál es la combinación de colores más adecuada para cada objeto. La Cooperativa ofrece más de 120 productos, entre los que hay jarrones, portavasos, servilleteros, fruteros, canastos, contenedores y sillas. 

Cada producto se hace a mano, con una mezcla de paja blanca de páramo, paja crespa y fique que les envían desde Curití, Santander. Utilizan madera para la fabricación de los puffs y las bases de las bandejas y contenedores, y en algunos productos remplazan el fique por hilos de cobre, vinilo y estaño. Los artesanos solo utilizan una aguja capotera con punto, lo demás depende de la agilidad de las manos y el conocimiento de un oficio que tiene denominación de origen desde 2009.

Desde la época de los indígenas Laches, la cestería en rollo ha sido una tradición artesanal en Guacamayas, Boyacá. Los laches hacían canastos y sombreros, y, con el tiempo, el conocimiento del oficio se fue transmitiendo como una manera de crear objetos útiles para la agricultura y el hogar. 

Fue en los años 70 y 80, cuando empezó a desarrollarse un interés comercial por los objetos tejidos con fique. Se innovó la técnica y comenzaron a tejerse nuevos productos como cazuelas y fruteros. En 1984, se abrió el primer punto de venta en el pueblo y en 1985 se formó la primera asociación de artesanos. Hoy en día, de los 1.700 habitantes del municipio, 400 se dedican a la artesanía. Además, en los colegios se enseña la técnica como una manera de preservar el saber de un municipio que vive de su tejeduría. 

Celebremos el mes de las madres con las historias que nos inspiran, nos recuerdan el origen y nos animan a conservar nuestra tradición. ¡Que vivan las Artesanías!

Omaira Manrique es hija de dos reconocidos artesanos de Guacamayas, Boyacá. Su mamá tejía bolsos de lana en telar vertical y su papá se dedicaba a hacer fruteros, papeleras, contenedores y cazuelas en la técnica ancestral de la cestería en rollo. Omaira comenzó a los 13 años a hacer individuales. 
En ese entonces, estudiaba modistería y tejido en un instituto dirigido por monjas, quienes la instruyeron en el bordado y la ayudaron a implementar en la cestería un conocimiento más amplio en temas de diseño. 
En Sutatenza, Boyacá, realizó un curso sobre dirigencia campesina, en el que aprendió cómo trabajar con comunidades, y en 1985 la nombraron secretaria de la Casa del Telar de Arco, la cual se convirtió en 1992, en la Cooperativa Creatividad Artística, Crearcoop, que ahora cuenta con 170 artesanos que trabajan la cestería en rollo. 
Hoy, después de estar al frente de la Cooperativa y de promover el oficio artesanal de la cestería en Guacamayas, Omaira ha compartido sus conocimientos también con su familia, ella tiene XX hijos y ser madre artesana para ella es “ … ”
Omaira es la responsable de comercializar los productos, visitar ferias y buscar nuevos clientes. Pero además se ha encargado de renovar los diseños y de integrar a la producción materiales como el estaño, el cobre, el vinilo, la plata, la madera y la cerámica.
Ella se sienta con cada artesano para analizar el diseño y decidir cuál es la combinación de colores más adecuada para cada objeto. La Cooperativa ofrece más de 120 productos, entre los que hay jarrones, portavasos, servilleteros, fruteros, canastos, contenedores y sillas. 
Cada producto se hace a mano, con una mezcla de paja blanca de páramo, paja crespa y fique que les envían desde Curití, Santander. Utilizan madera para la fabricación de los puffs y las bases de las bandejas y contenedores, y en algunos productos remplazan el fique por hilos de cobre, vinilo y estaño. Los artesanos solo utilizan una aguja capotera con punto, lo demás depende de la agilidad de las manos y el conocimiento de un oficio que tiene denominación de origen desde 2009.
Desde la época de los indígenas Laches, la cestería en rollo ha sido una tradición artesanal en Guacamayas, Boyacá. Los laches hacían canastos y sombreros, y, con el tiempo, el conocimiento del oficio se fue transmitiendo como una manera de crear objetos útiles para la agricultura y el hogar. 
Fue en los años 70 y 80, cuando empezó a desarrollarse un interés comercial por los objetos tejidos con fique. Se innovó la técnica y comenzaron a tejerse nuevos productos como cazuelas y fruteros. En 1984, se abrió el primer punto de venta en el pueblo y en 1985 se formó la primera asociación de artesanos. Hoy en día, de los 1.700 habitantes del municipio, 400 se dedican a la artesanía. Además, en los colegios se enseña la técnica como una manera de preservar el saber de un municipio que vive de su tejeduría. 
Celebremos el mes de las madres con las historias que nos inspiran, nos recuerdan el origen y nos animan a conservar nuestra tradición. ¡Que vivan las Artesanías!

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June 21, 2021 - Última actualización: June 18, 2021