Artesanias de Colombia - Artesanías de Colombia

Paja estera

Nombres comunes:

Achambe (Sucre); anchamba, ancharma, lanceta y palma enchama (Urabá); anchambe, enchama y enchamba (Sucre); bobil (Caldas, Santander y Tolima); bobila y palma bobila (Tolima); chingalé (valle del Magdalena en Antioquia, Huila y Tolima); malibú (valles medio y bajo del río Magdalena); palma malibú (Puerto Berrío, Antioquia); mobil (Caldas y Santander); palma bobila (Cundinamarca); palma cacique (Cesar); palma emchama y palma lanceta (Córdoba); palma estera (Bolívar, Cesar, Córdoba y Sucre) y palma rucia (Chocó, bajo valle del río Atrato).

Descripción

Palma solitaria, muy espinosa, con 15 a 20 hojas que nacen a ras del suelo y alcanzan hasta unos 5 m de largo, compuestas de numerosos folíolos angostos, blanquecinos por debajo, de hasta 1 m de largo y 4 cm de ancho. Las flores son pequeñas, amarillentas y están dispuestas en racimos robustos que nacen entre las hojas. Los frutos van de elípticos a redondeados, de hasta 4 cm de largo y 2.6 cm de diámetro, terminados en una punta corta, lisos, de color violáceo a negro en la madurez; la semilla está cubierta por un cuesco duro y de color negro, con tres orificios cerca de la punta, por uno de los cuales emerge la primera raíz para el establecimiento de la nueva planta.

Distribución geográfica yecológica

La palma estera es una planta exclusiva de Colombia, endémica de la cuenca del río Magdalena (desde Antioquia y Caldas hasta Cesar y Magdalena), de la cuenca alta de los ríos Sinú y San Jorge (desde Córdoba hasta Urabá) y del extremo norte de la Costa Pacífica (en el Chocó); crece en bosques secos a húmedos, desde el nivel del mar hasta 750 m de altitud (Galeano & Bernal 2005). Debido a la deforestación de las áreas donde crecía originalmente, la palma sobrevive actualmente en relictos boscosos y cañadas y en ocasiones puede sobrevivir en potreros, aunque usualmente no puede reproducirse allí, debido a que las plántulas son pisoteadas por el ganado. Dadas estas condiciones de reducción drástica de sus poblaciones como consecuencia de la destrucción de su hábitat, esta especie está considerada en peligro de extinción (Galeano & Bernal 2005).

Partes utilizadas de la planta

Fibras extraídas de las hojas jóvenes (cogollos).

Productos artesanales

Esteras, tapetes, piedecamas e individuales; en menor escala, y en combinación con otros materiales, cinturones, aretes y canastos.

Antecedentes del oficio

Al parecer, el oficio de tejer a partir de las fibras de la palma estera se remonta a los indios Chimila, quienes poblaban una gran extensión del área de distribución de esta palma (Andrade 2004). Según relata Andrade (2004), antiguamente el tejido se hacía en mingas, para lo cual se sacaba el telar a la calle y el tejido era realizado por numerosas artesanas a lo largo del día y la noche; la técnica del tejido no ha sufrido gran transformación a través del tiempo y sólo ha variado en relación a nuevos diseños y colorantes introducidos gracias al impulso de Artesanías de Colombia, desde la década del 90, para obtener artículos más variados y aceptables en el comercio nacional e internacional.

En la actualidad, el tejido con palma estera es una actividad económica y cultural importante en varios municipios de los departamentos del Cesar y Magdalena. El centro artesanal de palma estera más importante en el país se encuentra en el municipio de Chimichagua, Cesar, donde se creó desde el año 2001, una Asociación Regional de Artesanos de la palma estera (Corporación Red de Artesanos y Artesanas de la Costa Atlántica 2007) y donde existen actualmente, según el censo realizado por Artesanías de Colombia (Barrera et al. 2007b), más de 200 personas dedicadas a la elaboración de esteras, en su mayoría agrupadas en cinco asociaciones legalmente constituidas. Un segundo centro importante se encuentra, según el mismo informe, en el vecino municipio de Tamalameque (corregimiento de Antequera), donde funciona una asociación legalmente constituida (Barrera et al.2007b).

Aprovechamiento y transformación del recurso

La extracción es realizada principalmente por hombres, quienes cortan las hojas jóvenes antes de que se abran (cogollos) usando solamente un machete, ya que como la palma no presenta tallo aéreo, el cogollo es fácilmente accesible; sin embargo, la palma es espinosa y se debe
tener mucho cuidado al acercarse.

La cosecha se realiza en los pocos restos de bosque o rastrojo alto dejados en las fincas y cuya extensión, en raros casos, supera las cinco hectáreas. Para acceder a las palmas usualmente es necesario caminar alrededor de una hora. Según los cosecheros de Chimichagua, el cogollo no se puede cortar desde la base, sino que se debe doblar y luego cortar más arriba de la base, puesto que se demora mucho tiempo en volver a aparecer. Así, según los cosecheros, si se hace el corte de manera adecuada se puede volver a cortar otro cogollo dos o tres meses después, mientras que si se corta el cogollo completo, sólo se puede volver a cosechar después de seis meses.

Según información de Barrera et al. (2007b), una práctica que se ha impulsado en la región de Chimichagua, por parte de algunas artesanas, es la cosecha sin cortar la hoja, recolectando sólo algunos de los folíolos, dejando en la hoja los de la base y la punta, con el fin de que la palma se recupere más rápido. Igualmente, documentan que algunos cosecheros no cortan todos los cogollos, sino que alternan el aprovechamiento de una misma palma, cortando un cogollo y no el siguiente, de tal forma que sólo cosechan dos cogollos por palma al año.

Después de cosechados, los cogollos son llevados a los patios de las casas, donde son agitados para permitir que los segmentos se separen y desplieguen; luego, se retiran uno a uno todos los folíolos y a cada folíolo se le cortan las márgenes espinosas (esta actividad es denominada en algunos sitios "espajado") (Andrade 2004), y se les retira la vena principal (actividad denominada "tirado"), que es fuerte y se utiliza para fabricar escobas. El tejido resultante se cuelga al sol durante dos a tres días, para secarlo y blanquearlo.

Las fibras secas y arrugadas son posteriormente teñidas. El teñido se realiza con tintes naturales o anilinas. El proceso de teñido tradicional consiste en sumergir la fibra en barro durante todo un día para obtener el color negro o en hervir la fibra con hojas de bija (Arrabidaea chica, un bejuco de la familia Bignoniáceas), para obtener el color rojo. Sin embargo, cada vez es más frecuente el uso de anilinas artificiales para lograr otras tonalidades y colores más encendidos, que permiten hacer diseños diversos y llamativos. Una vez teñidas, las fibras se frotan en forma longitudinal (se denomina "sobar"), para que cada fibra se enrolle sobre sí misma de manera uniforme y luego se secan a la sombra. Una vez secas, las fibras se almacenan en un lugar seco, donde están listas para el hilado y finalmente para el proceso de tejido.

Cuando las fibras van a ser utilizadas, lo primero que se hace es el proceso de "hilada", consistente en transformar las fibras en un hilo o cordel con el cual se pueda tejer. Para la hilada, con la ayuda de los dedos y de un "huso" o "macana" hecho de madera, se separan las fibras en tiras más angostas, se humedecen y se tuercen en cordeles procurando que tengan un grosor uniforme.

El tejido se hace en un telar vertical, de madera, en el que se utilizan dos largueros y dos travesaños, de diferentes tamaños según el producto a obtener, utilizando como urdimbre (fibras verticales), fibras de cabuya, pita o plástico, mientras que la trama la constituyen los hilos de palma estera, que se humedecen para aumentar su flexibilidad y evitar que se quiebren al tejer. Cuando se termina el tejido, se retira del telar cortando la urdimbre en la parte superior, se deja secar y, finalmente se rematan los bordes. El telar es usualmente portátil, de tal forma que se puede trabajar en el tejido en varias partes de la casa y hasta en la calle. Esto resulta muy conveniente dado que las labores de procesamiento y tejeduría son realizadas casi exclusivamente por las mujeres, que alternan el tejido con el resto de actividades caseras.

Aspectos socioeconómicos y comerciales

En los últimos años, y seguramente gracias a la innovación en los diseños, colores y control de calidad en el acabado de los productos, como resultado de las capacitaciones recibidas por parte del Sena, Artesanías de Colombia y Cámara de Comercio de Valledupar (Barrera el at. 2007b), los tejidos de palma estera han pasado de ser un producto de venta local a ser un producto de gran aceptación en el mercado nacional e internacional.

Según las estadísticas de Artesanías de Colombia (Artesanías de Colombia 2005, 2006, Base de datos Expoartesanías 2007), la palma estera está participando como producto artesanal en la gran feria de Expoartesanías desde el año 1994. La participación ha venido aumentando y en los dos últimos años se inscribieron cinco expositores (talleres y asociaciones), cuyo producto principal lo constituyen las artesanías de palma estera. Los productos para la feria procedían de Chimichagua, donde se vincularon cerca de 130 artesanas, trabajando en los diferentes elementos para el abastecimiento de dicha feria.

Además de las ferias de artesanías en Bogotá, otro de los eventos importantes para la venta
de los productos de palma estera es la feria de Valledupar. Hoy en día, los tejidos de palma estera son cotizados y vendidos en famosas tiendas de artesanías en Europa y Estados Unidos. Así, la actividad artesanal alrededor de la palma estera indudablemente representa una actividad económica muy importante para numerosas familias de los departamentos de Cesar y Magdalena. Sin embargo, las artesanas se quejan de la baja rentabilidad obtenida por la venta de sus productos, que compensa de manera muy deficiente el trabajo invertido en su elaboración.

Información biológica y conservación

Se estima que las poblaciones silvestres de palma estera se han reducido significativarnente en los últimos cien años, debido a los procesos de deforestación y posterior establecimiento de potreros, hasta el punto de estar actualmente considerada como una especie en vía de extinción (Galeano & Bernal 2005). Las artesanas de Chimichagua afirman que las palmas son cada día más escasas, como consecuencia de la ampliación de las áreas de potreros, y hoy las palmas sólo se encuentran en unos pocos relictos de bosques en terrenos de fincas de particulares.

Existe un interés creciente en la promoción de la palma estera. Entre 1990 y 1994, a través de un convenio con la Corporación Autónoma del Cesar, se inició un cultivo de palma estera, que constituye una experiencia muy valiosa, cuyos resultados, sin embargo, es necesario evaluar en detalle. Por su parte, la Gobernación del Cesar (2007) ha incluido dentro de su plan de desarrollo un pequeño presupuesto para sembrar palma estera ($5.000.000), en 30 ha del Municipio de Chimichagua. En el estudio de Barrera et al. (2007b) se afirma que el aprovechamiento de palma estera para uso artesanal es una estrategia de conservación de la especie, pues en zonas donde se ha dejado de trabajar este oficio, los propietarios a veces deciden tumbar las palmas al no generar estas ningún beneficio pues, al tratarse de una palma con abundantes espinas, no les gusta conservarla en los potreros y a veces sólo las dejan si hay alguna mujer de la familia que teja o alguien cercano que compre la fibra.

Otros usos

Las venas de los folíolos que sobran después de sacar las fibras útiles se usan apra fabricar escobas, consideradas de buena calidad y los frutos maduros son ocasionalmente consumidos por humanos (Andrade 2004, Barrera et al. 2007b)

Fuente: Linares, E. Galeano, G. García, N. Figueroa, Y. (2008) "Fibras vegetales empleadas en artesanías en Colombia" Bogotá, Colombia.
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September 23, 2020 - Última actualización: September 22, 2020